jueves, 20 de mayo de 2010

Instante

Hoy habia un cielo único. El más lindo que vi en mi vida. Una hibridez de emociones de niebla, oscuridad, rocío, miel amarga y viscosidad. Fue tanta la alegría al ver ese precioso engendro que senti ese pedazo de cuerpo que bombea sangre, golpear con una fuerza atrevida mi tórax... me despertó, me combinó y me hizo crear una sonrisa que sólo el mar y la noche me suelen dar... Fue un simple momento intimo entre eso y esto... etre el cielo y yo... y me sentí volar, respiré (creo) tan profundamente como la vez que salí despedido amorosamente por parto natural de las entrañas de mi madre. Fue un momento eterno que todavía dura. Qué lindo, me hubiese quedado viendoló horas y horas... noches y noches... como cuando miraba (y miro) la luna desde el patio de casa, sintiendome parte de ella, tirado al descanso de su frío, acostado bajo el reposo de su sombra. Amo estar vivo, morir y volver a vivir, siempre vivir. Amo la luna y el frío de la epifania cabrona que me rompe la jeta con una cachetada de vidrio molido y alcohol erótico de las pasiones más vivas, que me sacude y me mece hasta ahogarme, desangrarme, amarme y volver a emocionarme. Amo estar vivo en la tierra que es mi luna.

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